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viernes, 10 de febrero de 2012

Profetas Menores - Ageo

Su nombre significa fiesta, solemnidad
Con Ageo (en hebreo Haggai) empieza el periodo postexílico de la profecía de Israel, en el cual le acompañará Zacarías y le sucederá, casi un siglo más tarde, Malaquías. Como muchos otros de los profetas menores, Ageo no es conocido más que por algunas pocas noticias. Sus cuatro discursos se refieren todos al segundo año de Darío I (520 a. C.), y fueron pronunciados en menos de cuatro meses (cf. 1, 1; 2, 11 y 21).

Su nombre como el de Zacarías se menciona en Esdr. 5, 1 y 6, 14, y allí vemos, como en los profetas anteriores, el ambiente decaído de los "restos" de Israel vueltos de Babilonia (tribus de Judá y Benjamín), que estos enviados de Dios trataron de levantar en aquel periodo, y que tan lejos estaba de la restauración soñada según los vaticinios de los profetas. En el orden político Israel estaba sometido a la tiranía extranjera; en el religioso y moral, reinaba la horrible decadencia que Malaquías enrostra a sacerdotes y pueblo, al que el mismo Ageo condena por su impureza (2, 10 ss.) y por su indiferencia en construir el nuevo Templo (1, 4 ss.), que debería haber sido el objeto de todas sus ansias, según las esplendorosas promesas del profeta Ezequiel (cf. Ez. 40, 1 ss.). Epoca "penosa y aún dolorosa, porque la teocracia hallaba, de parte de los hombres, muchos obstáculos para salir de sus ruinas, y el desaliento se había apoderado de los judíos, también del punto de vista religioso" (Fillion). Véase Esdr. 1, 2 y nota.

En el primer discurso (1, 2-2, 1), Ageo exhorta a los judíos, remisos en reanudar la reconstrucción del Templo; en el segundo (2, 2-10) consuela a los que habían visto la gloria y magnificencia del Templo salomónico; en el tercero (2, 11-20), anuncia la bendición de Dios y la futura gloria del Templo; en el cuarto (2, 21-24), se dirige a Zorobabel prometiéndole recompensa divina y fortaleciéndole con la promesa del reino mesiánico futuro, "con lo cual se ve una vez más que esta restauración precaria de aquellas pocas tribus, que tanto había de sufrir aún en tiempos de los Macabeos, y caer luego en el deicidio y la total dispersión, no era sino figura de aquella otra que constituía la esperanza de Israel". Véase Sof. 3, 20 y nota.

El Martirologio Romano hace la conmemoración de Ageo junto con la del Profeta Oseas el 4 de julio

 Fuentes:
http://www.aciprensa.com/

miércoles, 8 de febrero de 2012

Profeta Menores - Amos



Antes de su vocación, Amós fue pastor y labrador que apacentaba sus ovejas y cultivaba cabrahigos en Tecoa, localidad de la montaña de Judá, situada a 20 kilómetros al sur de Jerusalén. A pesar de su pertenencia al reino de Judá, Dios lo llamó al reino de Israel (cf. 1, 1; 7, 14 s.), para que predicase contra la corrupción moral y religiosa de aquel país cismático que se había separado de Judá y el Templo. Alguna vez menciona también a Judá (2, 4) y a todo el pueblo escogido (9, 11). Amós desempeñó su cargo en los días de Ocías (Azarías), rey de Judá (789-738) y Jeroboam II, rey de Israel (783-743).

Desde un principio, el profeta se mostró intrépido defensor de la Ley de Dios, especialmente en su encarnizada lucha contra el culto del becerro adorado en Betel. Perseguido por Amasías, sacerdote de aquel becerro (7, 10), el profeta murió mártir, según una tradición judía. La Iglesia le conmemora en el calendario de los santos el 30 de marzo.

Los primeros dos capítulos contienen amenazas contra los pueblos vecinos, mientras los capítulos 3-6 comprenden profecías contra el reino de Israel. Los caps. 7-9 presentan cinco visiones proféticas acerca del juicio de Dios sobre su pueblo y el reino mesiánico, a cuyas maravillas dedica los últimos versículos, como lo hacen también Oseas, Joel, Abdías y casi todos los profetas Mayores y Menores.

El objetivo de Amós es enseñar que Yahvéh es el Dios del Universo, y que lo que los hombres llaman "Derecho Natural" no es otra cosa que el imperio del orden moral del que Dios es guardián y Señor.
Su poder es ilimitado, y su albedrío sobre la naturaleza y los hombres es infinito. Amenaza y castiga por doquier por violar el orden moral antedicho, pero podría perdonarlos si se reforman. En caso de persistir en el error, destruirá a todos los malvados en un cataclismo que Amós llama "El día de Yahvéh".
El de Amós es un mensaje de terror, amenaza y castigo, pero también de perdón, redención y amor. El único medio de salvación es la conversión a la fe verdadera. Si Oseas es el profeta del amor, Amós es el de la justicia, terrible e inexorable, de Dios.

 Fuentes:

domingo, 1 de enero de 2012

Profetas Menores - Abdias


El Libro de Abdías es un libro bíblico del Antiguo Testamento y del Tanaj hebreo. Pertenece a la colección llamada "Profetas Menores" por su poca extensión y se encuentra ubicado entre los libros de Amós y Jonás. Es el libro más breve de la Biblia, ya que cuenta con solo 21 versículos en un único capítulo.
Se desconoce casi todo acerca del autor del libro.1 Según ciertos autores, el profeta Abdías habría sido un príncipe enviado por el rey Josafat para adoctrinar al pueblo judío,junto con otros dos príncipes, en la Ley de Yahvéh. De acuerdo con esta hipótesis, la profecía de Abdías data de entre los años 848 y 841 a. C. Si esto es cierto, entonces el libro de Abdías muy bien puede ser consecuencia de la desastrosa campaña militar del rey Joram contra los idumeos.
Ya desde tiempos de Esaú y Jacob era evidente la gran rivalidad que existía entre Israel y Edom (Genesis 25:23, Genesis 27:39-40). En tiempos de la monarquía hebrea, Edom ocupaba un lugar estratégico en la ruta hacia el importante puerto de Elat en el Mar Rojo, y ello ocasionó continuas peleas con los judíos, tal como se relata en II Crónicas, II Samuel y I y II Reyes.
La enemistad entre ambos reinos generó una abundante literatura bíblica antiedomita (ejemplos de los cuales pueden leerse en Ezequiel, Salmos, Isaías, Jeremías y Amós), a la que pertenece la primera parte de Abdías. Este odio está marcado por la colaboración que los edomitas prestaron a Nabucodonosor II en la guerra hebreo-caldea, y, tras llevarse cautivos los caldeos a muchos judíos, los del Edom aprovecharon para ocupar sus territorios.
El libro de Abdías profetiza la venganza de Yahvéh contra Edom, que llegará en 312 a. C. con su conquista por parte de los árabes.
El libro está dividido de la siguiente manera:
  • Prólogo (1) en que se envía un mensajero a convencer a las naciones de marchar contra Edom;
  • Juicio sobre Edom (2-10);
  • Destrucción de la misma por su maldad (11-14); y
  • "Día de Yahvéh": visión escatológica.
El "Día de Yahvéh", como en otros libros del Tanaj, es la ejecución de una sentencia de Dios contra una nación, especie de proceso judicial en que la divinidad la juzga por sus crímenes y pecados y actúa en consecuencia.
Edom, como todos los demás países que bastardean los derechos humanos y divinos, son castigados de manera inexorable e inmediata. La venganza de Yahvéh (al igual que en el Libro de Nahum), es nacionalista, por contraposición al universalista Deuteroisaías.

Fuente: //es.wikipedia.org

viernes, 30 de diciembre de 2011

Profetas Menores - Oseas


Oseas u Osee, profeta de las diez tribus del norte, como su contemporáneo Amós, vivió en el siglo VIII a. C., mientras Isaías y Miqueas profetizaban en Judá, es decir, bajo el reinado del rey Jeroboam II de Israel (783-743) y de los reyes Ocías (Amasías) (789-738), Joatán (738-736), Acaz (736-721) y Ezequías (721-693), reyes de Judá. Sus discursos proféticos se dirigen casi exclusivamente al reino de Israel (Efraím, Samaria), entonces poderoso y depravado, y sólo de paso a Judá. Son profecías duras, cargadas de terribles amenazas contra la idolatría, la desconfianza en El y la corrupción de costumbres y alternadas, por otra parte, con esplendorosas promesas (cf. 2, 14 ss.) y expresiones del más inefable amor (cf. 2, 23; 11, 8, etc.). El estilo es sucinto y lacónico, pero muy elocuente y patético y a la vez riquísimo en imágenes y simbolismos.
La primera parte (cap. 1-3) comprende dos acciones simbólicas que se refieren a la infidelidad del reino de Israel como esposa de Yahvé. La segunda (cap. 4-14) es una colección de cinco vaticinios (caps. 4, 5, 6, 7-12; 12-14) en que se anuncian los castigos contra el mismo reino y luego la purificación de la esposa adúltera, en la cual se despierta la esperanza en el Mesías y su glorioso reinado.
El sepulcro de Oseas se muestra en el monte Nebi Oscha, no lejos de es-Salt (Transjordania). El Eclesiástico hace de Oseas y de los otros Profetas Menores este significativo elogio: "Reverdezcan también en el lugar donde reposan, los huesos de los doce Profetas; porque ellos consolaron a Jacob, y lo confortaron con una esperanza cierta" (Ecli. 49, 12).
Si Amós es el profeta de la justicia, Oseas es el profeta del amor, reiterando siempre la imagen de Dios y el pueblo como un marido y su esposa, que termina siéndole infiel —los judíos—, metáfora característica en la prosa del profeta.
En este contexto, el "Dios celoso" se ve justificado porque su "mujer" lo engaña (con otros dioses falsos): un amor celestial encharcado por bajas pasiones humanas. Esta es la diferencia entre los dioses espurios y Yahvé: ellos aceptan compartir sus altares con otras deidades, pero el Señor no. Su amor es total y completo, pero exclusivo y absorbente.
Oseas, por lo tanto, no acepta el sincretismo, ni nuevas alianzas, ni amistad con otros credos. Los cultos idolátricos y las liturgias naturalistas quedan, a partir de este profeta, completamente fuera de la cuestión.
Al preguntarse por qué el judío no puede amar a Dios como este lo ama a él, Oseas responde que por causa de la comodidad material en que vive el pueblo. Es también, por ende, el profeta de la frugalidad y la pobreza. Mientras Israel vaga por el desierto, clama a Dios y le entrega su corazón, pero cuando está caliente y bien alimentado en su casa se desvía y adora figuras de animales. Cree que no necesita más del Señor; opina que se la pasará mejor sin él, pero está equivocado. Dios le quitará sus bienes físicos y lo pondrá de nuevo en el hambre y la suciedad para que recuerde el verdadero camino de la salvación y lo siga de una vez por todas. Finalmente, los israelitas despertarán de su estupefacción y experimentarán de nuevo la necesidad de acercarse al Señor Yahvéh.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Profetas Menores

Amós, Oseas y Miqueas, contemporáneos de Isaías, anuncian la invasión asiria, como llamada de atención de Yahveh para que se restaure la Alianza. Sofonías, Nahum y Habacuc viven los años del final del dominio asirio y la ascensión del imperio babilónico, lo que debe llevar a una restauración nacional y a una reforma religiosa. Ageo, Zacarías, Malaquías, Abdías y Joel proclaman la euforia nacionalista, la restauración de las instituciones y la reconstrucción del templo tras el destierro babilónico. Baruc era el nombre del secretario de Jeremías en cuyo libro es manifiesto el interés por los exiliados. Por último, el libro de Jonás es una historia novelada o parábola, que proclama una apertura de la Alianza a todos los hombres, incluso a los paganos.

1. Ambiente histórico del siglo VIII (Amós, Oseas y Miqueas): período de prosperidad y riqueza en el Reino de Israel. Sin embargo, las riquezas se encuentran en manos de unos pocos, hay abusos abusos e injusticias sociales.

2. Ambiente histórico del siglo VII (Sofonías, Nahúm, Habacuc): Los asirios, egipcios y caldeos luchaban por tener la hegemonía del medio Oriente. Palestina caía en manos del primero que invadiese. El mal gobierno de los reyes de Judea atrajo sobre la nación la derrota, que se hizo definitiva con el asedio de Jerusalén en el año 587 a.C. y la deportación del Pueblo de Dios a Babilonia.

3. Ambiente histórico del siglo VI al siglo III: (Ageo, Zacarías, Malaquías, Abdías, Joel, Jonás). Después del imperio de Babilonia, vino el imperio persa, que sujetó a Babilonia y ensanchó su imperio, durante dos siglos. Ciro es el primero de sus jefes. Fue Ciro el que permitió a la cautivos de Babilonia volver a su patria. A Ciro le sucedió su hijo Cambises, tirano cruel, caprichoso y enfermo que se ganó el odio del pueblo y fue asesinado. Le sucedió Darío, que puso paz en todo el imperio. Durante el imperio de los persas, el Pueblo de Dios vuelve a su patria y se estabiliza en Palestina, ocupándose especialmente en la reconstrucción del templo y en la restauración de la fe de los padres, predicada por Esdras y Nehemías. Esta tarea fue facilitada por la política religiosa de los Persas, muy liberal y respetuosa de las creencias de los varios pueblos dominados.

Fuente: http://es.catholic.net