domingo, 6 de julio de 2014

La sabiduría de Dios


DOMINGO XIV
del Tiempo Ordinario
Mateo 11, 25-30

 P. Adolfo Franco, S.J


El Señor nos habla de la importancia de la sencillez para poder ser buenos receptores de la Sabiduría de Dios.

 
En este párrafo del Evangelio que nos trae este domingo, hay dos enseñanzas muy marcadas, una sobre la sabiduría de Dios y otra sobre la necesidad de apoyarse en Dios y sobre todo en momentos difíciles. Empieza con una oración de alabanza de Jesús, que se alegra de la forma en que actúa la Providencia de Dios, que comunica su sabiduría a los sencillos; y continúa con una invitación a todos los que sufren y se sienten derrotados a confiar en El, que es nuestro apoyo. Son dos temas, aunque hay una conexión evidente entre los dos.

 
Jesús alaba a su Padre, en una exclamación que le sale del alma, y le dice que lo alaba, porque ha revelado su sabiduría a los sencillos y la ha ocultado a los sabios. ¿Es que Dios tendrá algo en contra de los sabios, de los que han cultivado la inteligencia? ¿No ha habido hombres muy inteligentes a los que Dios les ha comunicado su sabiduría? San Agustín, Santo Tomás y muchos otros ¿no han recibido la sabiduría que proviene de Dios? Por otra parte, si Dios deja de lado a los sabios y entendidos, ¿será que Jesús está alabando la pereza mental?

 
Estas pregunta son legítimas, y tienen una fácil respuesta: Dios no alaba la pereza mental, y no tiene nada contra los investigadores que siempre buscan la verdad en todos los campos; más bien esta inquietud por la verdad es un don de Dios. Jesús se está refiriendo a los letrados, contemporáneos suyos, que en general no estuvieron abiertos a aceptar su doctrina; no quisieron abrir su corazón a la novedad del Evangelio. Más bien lo consideraron un rival y quisieron desprestigiarlo con preguntas y situaciones difíciles, de las cuales Jesús salió  apelando precisamente a su sabiduría. San Pablo también se dirige a los Corintios y les recuerda que entre ellos no abundan precisamente los sabios (1 Cor 1, 26-30). Pero también se puede aplicar esta frase de rechazo a aquellos “sabios” que llenos de orgullo no tienen capacidad de aceptar el misterio de Dios.

 
Por de pronto se debe distinguir entre la “sabiduría” que viene de Dios y los conocimientos que provienen de la agudeza mental. Lo uno es un conocimiento de lo esencial y que va al centro de los problemas de la vida humana y de su relación con Dios, lo otro son toda la variedad de conocimientos que se adquieren con la destreza y con la facilidad que diversas personas tienen para el ejercicio de sus facultades mentales, y para la adquisición de cultura.

 
Pero no hay duda de que hay personas poco cultivadas que tienen una gran sabiduría y que llegan a los conocimientos fundamentales sobre la vida y la virtud, por caminos vitales y sin libros. ¿Por qué muchas manifestaciones sobrenaturales de Dios se han hecho a personas rústicas? Por ejemplo muchas de las apariciones de la Virgen: la aparición de la Virgen de Guadalupe, la de Lourdes, la de Fátima; todas son comunicaciones de Dios a los “pequeños”, no a los grandes y sabios.

 
¿Es la inteligencia humana una dificultad para aceptar a Dios? ¿Hay contradicción entre ciencia y fe? La ciencia, la inteligencia, los conocimientos naturales, lejos de ser un obstáculo para recibir la sabiduría de Dios, y para conocer a Dios, más bien podrían ayudar a acercarse a El. Lo que puede impedir la revelación de Dios en una persona es el orgullo que puede brotar como una mala hierba de algunos conocimientos y entonces sí podemos quedar bloqueados para el conocimiento que brota de Dios; pero no podemos decir que un sabio queda imposibilitado de recibir la fe. Aunque puede crearse entre los intelectuales demasiado seguros de su poder intelectual, una sensación de “todo lo puedo”, que les hace cerrar el corazón, y piensan que nadie les puede enseñar nada; esto ha ocurrido en los momentos del desarrollo inicial de las ciencias; y en esos tiempos parecía que era una necesidad que el científico (científico en pañales) negase a Dios. Esa corriente tan pobre, gracias a Dios ya casi se ha secado; aunque todavía puede asomar algún aprendiz de científico que solamente sabe repetir las objeciones del pasado. Y en cambio también hay intelectuales verdaderos, científicos insignes, que tienen suficiente humildad para seguir aprendiendo y que tienen un espíritu profundamente religioso.

 
A este respecto podemos citar el testimonio de Einstein, un sabio en verdad eminente:. “... la experiencia más bella que el hombre puede tener es el sentido de lo misterioso: descubrir que, tras lo que podemos experimentar científicamente, se oculta algo inalcanzable a nuestro espíritu, algo cuya belleza y sublimidad se alcanzan sólo indirectamente y a modo de pálido reflejo; y, en este sentido, yo soy religioso”.

 
Y en la segunda parte de la enseñanza de Jesús, se dice qué es lo que los sencillos reciben de la sabiduría de Dios: los sencillos pueden descubrir, por la sabiduría de Dios, que Jesús es fuerte para acoger nuestro cansancio; y pueden saber que caminar con la cruz detrás de El es llevar una carga liviana. Esa es la Ciencia que no descubren los orgullosos y que sí inculca Dios en los pequeños.
 


domingo, 27 de abril de 2014

Juan XXIII y Juan Pablo II son declarados santos por el papa Francisco



  AP  
Ciudad del Vaticano
 
El papa Francisco declaró santos a sus dos predecesores Juan XXIII y Juan Pablo II en una ceremonia de canonización sin precedentes, que tuvo otro ribete histórico con la presencia del pontífice retirado Benedicto XVI.
Nunca antes un papa en funciones y otro retirado habían oficiado misa en público, mucho menos en un acto en el que se celebraba a dos de sus más famosos predecesores.
La presencia de Benedicto también refleja el balance que Francisco tuvo en consideración al canonizar a Juan XXIII y Juan Pablo II, que muestra la unidad de la iglesia al honrar a un papa conservador y un liberal.
Francisco respiró hondamente e hizo una pausa momentánea antes de recitar la fórmula para declararlos santos, como si estuviera conmovido por la historia de la que estaba por formar parte.
Dijo que tras deliberar, consultar y rezar por la ayuda divina "declaramos benditos y definimos que Juan XXIII y Juan Pablo II sean santos y los incluimos entre los santos, decretando que sean venerados de esa manera por toda la iglesia".
La multitud que se extendía desde la plaza de San Pedro hasta el río Tíber y más allá rompió en aplausos.
Benedicto estaba sentado al lado de otros cardenales en la plaza de San Pedro durante el rito al inicio de la misa del domingo. Él y Francisco se saludaron brevemente a la llega del actual pontífice.
Benedicto, de 87 años, llegó a la plaza de San Pedro por su propio pie entre aclamaciones de la multitud. Vistiendo ropajes blancos y la mitra blanca de los obispos se sentó junto con otros cardenales pero se incorporó para saludar al presidente de Italia cuando éste llegó a la misa.
El Ministerio del Interior italiano predijo que un millón de personas atestiguarían la misa desde la plaza, las calles adyacentes y las plazas cercanas, donde se colocaron pantallas gigantes para que la gente pudiera seguir la ceremonia.
Cuando comenzó la ceremonia, la Via della Conciliazione, la principal avenida que lleva a la plaza, las calles cercanas y los puentes que cruzan el río Tíber estaban abarrotados.
Peregrinos polacos que agitaban banderas con los colores rojo y blanco de la amada patria natal de Juan Pablo II estuvieron entre los primeros en llegar a la plaza desde antes del amanecer del domingo; eran contenidos por trabajadores de protección civil que llevaban chalecos de colores reflectantes que intentaban mantener el orden.
"Cuatro papas en una ceremonia es un suceso fantástico de ver y de estar presentes, porque es historia escrita frente a nuestros ojos", dijo maravillado el polaco David Halfar.
"Es maravilloso ser parte de esto y vivir todo esto", agregó.
El Vaticano puso fin el sábado a semanas de conjeturas y confirmó que el papa retirado Benedicto XVI, de 87 años, participaría en la canonización.
La mayoría de los que llegaron primero acamparon durante la noche al aire libre sobre colchones inflables y colchonetas a lo largo de calles laterales que conducen a la plaza. Otros no habían dormido para nada y participaron en vigilias de oración nocturnas celebradas en una decena de iglesias en el centro de Roma.
En las primeras horas de la mañana la atmósfera en la plaza era pacífica y callada, tal vez provocada por el cielo gris y el cansancio de quienes no durmieron, diferente del ambiente festivo y de mayo de 2011, cuando Juan Pablo II fue beatificado y en el que grupos de personas bailaron y cantaron durante horas antes de la misa.
Benedicto XVI había prometido permanecer "oculto frente al mundo" después de que renunciara el año pasado, sin embargo, Francisco lo convenció de salir de su retiro y le solicitó que participe en las actividades públicas de la iglesia.
En una suerte de ensayo, Benedicto acudió en febrero a la ceremonia en la que Francisco ordenó a 19 nuevos cardenales. Pero oficiar una misa juntos es algo distinto, algo que sucede por primera vez en la historia de 2.000 años de esta institución, lo que muestra el deseo de Francisco de mostrar la continuidad en el papado pese a las diferencias entre personalidades y políticas.
Juan, quien reinó de 1958-1963, es un héroe de los católicos liberales ya que convocó al Concilio Vaticano II. En esas reuniones la iglesia adoptó medidas para modernizarse como la celebración de la misa en lenguas locales en lugar del latín y la promoción de un mayor diálogo con integrantes de otras creencias, especialmente con los judíos.
Durante su papado de un cuarto de siglo, de 1978-2005, Juan Pablo II apoyó en el derrocamiento en comunismo en Polonia a través del apoyo al movimiento Solidaridad. Su condición de trotamundos y el lanzamiento de las muy populares Jornadas mundiales de la juventud estimularon a una nueva generación de católicos, mientras su defensa de la doctrina tradicional fortaleció a los conservadores luego de los turbulentos años 60.
"Juan Pablo era nuestro papa", dijo Therese Andjoua, una enfermera de 49 años que viajó desde Libreville, Gabón, junto con otros 300 peregrinos para presenciar la ceremonia. Vestía un atuendo africano tradicional con las imágenes de los dos nuevos santos adheridas.
"En 1982 él fue a Gabón y cuando llegó besó la tierra y no dijo: 'Levántense, avancen y no tengan miedo''', recordó mientras descansaba en una tarima de botellas de agua. "Cuando escuchamos que iba a ser canonizado, nos levantamos".
Numerosos fueron los fieles que llegaron de América Latina, algunos con importantes sacrificios económicos.
El mexicano Juan Medina, 20 años, estudiante, se declaró muy feliz: "Un regalo de Dios poder estar aquí en la canonización de los dos papas, en especial por Juan Pablo II, que es como si fuera un santo mexicano por lo mucho que quiso a nuestro país y por las tantas veces que lo visitó".
El sacerdote colombiano Jorge Henrique dijo que la canonización de los dos papas "ha sido muy bien recibida en mi país porque somos de mayoría católica".
La chilena Rosario Poblete, 48 años, dijo que había rezado en San Pedro por Valparaíso, puerto chileno que sufrió un violento incendio que provocó muertes y graves daños.
"Estamos acá por ellos y hemos rogado por todas las familias que han sufrido la pérdida de sus familiares", agregó.
Ricardo Asiares, 51, encabeza un grupo de más de 30 personas de una parroquia de la ciudad chilena de Viña del Mar, reconoció que "había sido un gasto importante el haber venido hasta Roma, pero cuando se trata de un alimento para el espíritu, como es esta ceremonia, no existen sacrificios".
Reyes, reinas, presidentes y primeros ministros de más de 90 países asistieron a la ceremonia. Unos 20 líderes judíos de Estados Unidos, Israel, Italia, Argentina -el país de nacimiento de Francisco- y Polonia, también participarán en una muestra clara de la mejoría de las relaciones entre católicos y judíos alcanzada en los papados de Juan y Juan Pablo.

 

martes, 22 de abril de 2014

Pudieron haber robado el cuerpo de Jesús?


 
Aquellos que se sienten incómodos ante la afirmación de que Jesús ha resucitado y encuentran vacío el sepulcro en donde había sido depositado, lo primero que se les ocurre pensar y decir es que alguien había robado su cuerpo (cfr. Mt 28,11-15).

La losa encontrada en Nazaret con un rescripto imperial donde se recuerda que es necesario respetar la inviolabilidad de los sepulcros testimonia que hubo un gran revuelo en Jerusalén motivado por la desaparición del cadáver de alguien procedente de Nazaret en torno al año 30.

No obstante, el hecho mismo de encontrar el sepulcro vacío no impediría pensar que el cuerpo había sido robado. Pese a todo, causó tal impacto en las santas mujeres y en los discípulos de Jesús que se acercaron al sepulcro, que incluso antes de haber visto a Jesús vivo de nuevo, fue el primer paso para el reconocimiento de que había resucitado.

En el evangelio de San Juan hay un relato preciso de cómo encontraron todo. Narra que en cuanto Pedro y Juan oyeron lo que María les contaba, salió Pedro con el otro discípulo y fueron al sepulcro: «Los dos corrían juntos, pero el otro discí­pulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio allí los lienzos aplanados, pero no entró. Llegó tras él Simón Pedro, en­tró en el sepulcro y vio los lienzos aplanados, y el sudario que había sido puesto en su cabeza, no caído junto a los lienzos, sino aparte, todavía enrollado, en el mismo sitio de antes. Entonces, entró también el otro discípulo que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó» (Jn 20, 3-8).

Las palabras que utiliza el evangelista para describir lo que Pedro y él vieron en el sepulcro vacío expresan con vivo realismo la impresión que les causó lo que pudieron contemplar. De entrada, la sorpresa de encontrar allí los lienzos. Si alguien hubiera entrado para hacer desaparecer el cadáver, ¿se habría entretenido en quitarle los lienzos para llevarse sólo el cuerpo? No parece lógico. Pero es que, además, el sudario estaba «todavía enrollado», como lo había estado el viernes por la tarde alrededor de la cabeza de Jesús. Los lienzos permanecían como habían sido colocados envolviendo al cuerpo de Jesús, pero ahora no envolvían nada y por eso estaban «aplanados», huecos, como si el cuerpo de Jesús se hubiera esfumado y hubiera salido sin desenvolverlos, pasando a través de ellos. Y todavía hay más datos sorprendentes en la descripción de lo que vieron. Cuando se amortajaba el cadáver, primero se enrollaba el sudario a la cabeza, y después, todo el cuerpo y también la cabeza se envolvían en los lienzos. El relato de Juan especifica que en el sepulcro el sudario permanecía «en el mismo sitio de antes», esto es, conservando la misma disposición que había tenido cuando estaba allí el cuerpo de Jesús.

La descripción del evangelio señala con extraordinaria precisión lo que contemplaron atónitos los dos Apóstoles. Era humanamente inexplicable la ausencia del cuerpo del Jesús. Era físicamente imposible que alguien lo hubiera robado, ya que para sacarlo de la mortaja, habría tenido que desenvolver los lienzos y el sudario, y éstos habrían quedado allí sueltos. Pero ellos tenían ante sus ojos los lienzos y el sudario tal y como estaban cuando habían dejado allí el cuerpo del Maestro, en la tarde del viernes. La única diferencia es que el cuerpo de Jesús ya no estaba. Todo lo demás permanecía en su lugar.

Hasta tal punto fueron significativos los restos que encontra­ron en el sepulcro vacío, que les hicieron intuir de algún modo la resurrección del Señor, pues «vieron y creyeron».

Bibliografía: M. Balagué, «La prueba de la Resurrección (Jn 20,6-7)»: Estudios Bíblicos 25 (1966) 169-192; Francisco Varo, Rabí Jesús de Nazaret (B.A.C., Madrid, 2005) 197-201.


Tomado de: http://www.opusdei.es/art.php?p=15372

viernes, 18 de abril de 2014

VIERNES SANTO



En este día recordamos cuando Jesús muere en la cruz para salvarnos del pecado y darnos la vida eterna. El sacerdote lee la pasión de Cristo en la liturgia de la Adoración a la cruz. Ese día no se celebra la Santa Misa.

En las iglesias, las imágenes se cubren con una tela morada al igual que el crucifijo y el sagrario está abierto en señal de que Jesús no está.

El color morado en la liturgia de la Iglesia significa luto. Se viste de negro la imagen de la Virgen en señal de luto por la muerte de su Hijo.

Podemos recordar leyendo el Evangelio de San Juan, capítulo 18, versículos 1-19, 42.

¿Cómo podemos vivir este día?

Este día manda la Iglesia guardar el ayuno y la abstinencia.
Se acostumbra rezar el Vía Crucis y meditar en las Siete Palabras de Jesús en la cruz.
Se participa en la Liturgia de Adoración a la Cruz con mucho amor, respeto y devoción.
Se trata de acompañar a Jesús en su sufrimiento.
A las tres de la tarde, recordamos la crucifixión de Jesús rezando el Credo

La tarde del Viernes Santo presenta el drama inmenso de la muerte de Cristo en el Calvario. La cruz erguida sobre el mundo sigue en pie como signo de salvación y de esperanza.

Con la Pasión de Jesús según el Evangelio de Juan contemplamos el misterio del Crucificado, con el corazón del discípulo Amado, de la Madre, del soldado que le traspasó el costado.

San Juan, teólogo y cronista de la pasión nos lleva a contemplar el misterio de la cruz de Cristo como una solemne liturgia. Todo es digno, solemne, simbólico en su narración: cada palabra, cada gesto. La densidad de su Evangelio se hace ahora más elocuente.
Y los títulos de Jesús componen una hermosa Cristología. Jesús es Rey. Lo dice el título de la cruz, y el patíbulo es trono desde donde el reina. Es sacerdote y templo a la vez, con la túnica inconsútil que los soldados echan a suertes. Es el nuevo Adán junto a la Madre, nueva Eva, Hijo de María y Esposo de la Iglesia. Es el sediento de Dios, el ejecutor del testamento de la Escritura. El Dador del Espíritu. Es el Cordero inmaculado e inmolado al que no le rompen los huesos. Es el Exaltado en la cruz que todo lo atrae a sí, por amor, cuando los hombres vuelven hacia él la mirada.

La Madre estaba allí, junto a la Cruz. No llegó de repente al Gólgota, desde que el discípulo amado la recordó en Caná, sin haber seguido paso a paso, con su corazón de Madre el camino de Jesús. Y ahora está allí como madre y discípula que ha seguido en todo la suerte de su Hijo, signo de contradicción como El, totalmente de su parte. Pero solemne y majestuosa como una Madre, la madre de todos, la nueva Eva, la madre de los hijos dispersos que ella reúne junto a la cruz de su Hijo. Maternidad del corazón, que se ensancha con la espada de dolor que la fecunda.

La palabra de su Hijo que alarga su maternidad hasta los confines infinitos de todos los hombres. Madre de los discípulos, de los hermanos de su Hijo. La maternidad de María tiene el mismo alcance de la redención de Jesús. María contempla y vive el misterio con la majestad de una Esposa, aunque con el inmenso dolor de una Madre. Juan la glorifica con el recuerdo de esa maternidad. Ultimo testamento de Jesús. Ultima dádiva. Seguridad de una presencia materna en nuestra vida, en la de todos. Porque María es fiel a la palabra: He ahí a tu hijo.

El soldado que traspasó el costado de Cristo de la parte del corazón, no se dio cuenta que cumplía una profecía y realizaba un último, estupendo gesto litúrgico. Del corazón de Cristo brota sangre y agua. La sangre de la redención, el agua de la salvación. La sangre es signo de aquel amor más grande, la vida entregada por nosotros, el agua es signo del Espíritu, la vida misma de Jesús que ahora, como en una nueva creación derrama sobre nosotros.

La celebración
Hoy no se celebra la Eucaristía en todo el mundo. El altar luce sin mantel, sin cruz, sin velas ni adornos. Recordamos la muerte de Jesús. Los ministros se postran en el suelo ante el altar al comienzo de la ceremonia. Son la imagen de la humanidad hundida y oprimida, y al tiempo penitente que implora perdón por sus pecados.
Van vestidos de rojo, el color de los mártires: de Jesús, el primer testigo del amor del Padre y de todos aquellos que, como él, dieron y siguen dando su vida por proclamar la liberación que Dios nos ofrece.

Acción litúrgica en la muerte del Señor
1. La Entrada

La impresionante celebración litúrgica del Viernes empieza con un rito de entrada diferente de otros días: los ministros entran en silencio, sin canto, vestidos de color rojo, el color de la sangre, del martirio, se postran en el suelo, mientras la comunidad se arrodilla, y después de un espacio de silencio, dice la oración del dia.

2. Celebración de la Palabra

    Primera Lectura
    Espectacular realismo en esta profecía hecha 800 años antes de Cristo, llamada por muchos el 5º Evangelio. Que nos mete en el alma sufriente de Cristo, durante toda su vida y ahora en la hora real de su muerte. Dispongámonos a vivirla con Él.
  • Salmo Responsorial
    En este Salmo, recitado por Jesús en la cruz, se entrecruzan la confianza, el dolor, la soledad y la súplica: con el Varón de dolores, hagamos nuestra esta oración.
  • Segunda lectura
    El Sacerdote es el que une a Dios con el hombre y a los hombres con Dios... Por eso Cristo es el perfecto Sacerdote: Dios y Hombre. El Único y Sumo y Eterno Sacerdote. Del cual el Sacerdocio: el Papa, los Obispos, los sacerdotes y los Diáconos, unidos a Él, son ministros, servidores, ayudantes...
  • Versículo antes del Evangelio (Flp 2, 8-9)
    Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre".
    Como siempre, la celebración de la Palabra, después de la homilía, se concluye con una ORACIÓN UNIVERSAL, que hoy tiene más sentido que nunca: precisamente porque contemplamos a Cristo entregado en la Cruz como Redentor de la humanidad, pedimos a Dios la salvación de todos, los creyentes y los no creyentes.

3. Adoración de la Cruz
Después de las palabras pasamos a una acción simbólica muy expresiva y propia de este dia: la veneración de la Santa Cruz es presentada solemnemente la Cruz a la comunidad, cantando tres veces la aclamación:
Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo. VENID AADORARLO", y todos nos arrodillamos unos momentos cada vez; y entonces vamos, en procesión, a venerar la Cruz personalmente, con una genuflexión (o inclinación profunda) y un beso (o tocándola con la mano y santiguándonos); mientras cantamos las alabanzas a ese Cristo de la Cruz:
"Pueblo mío, ¿qué te he hecho...?" "Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza..." "Victoria, tú reinarás..."


4. La Comunión
Desde 1955, cuando lo decidió Pío Xll en la reforma que hizo de la Semana Santa, no sólo el sacerdote -como hasta entonces - sino también los fieles pueden comulgar con el Cuerpo de Cristo.

Aunque hoy no hay propiamente Eucaristía, pero comulgando del Pan consagrado en la celebración de ayer, Jueves Santo, expresamos nuestra participación en la muerte salvadora de Cristo, recibiendo su "Cuerpo entregado por nosotros".

 

jueves, 17 de abril de 2014

Jueves Santo


 
  17 de abril 2014. Jueves en que Cristo instituyó el sacramento de la Eucaristía, también conocido como la Última Cena.
 

 
Significado de la celebración

El Jueves Santo se celebra:
  La Última Cena,
  El Lavatorio de los pies,
  La institución de la Eucaristía y del Sacerdocio
  la oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní.
En la mañana de este día, en todas las catedrales de cada diócesis, el obispo reúne a los sacerdotes en torno al altar y, en una Misa solemne, se consagran los Santos Óleos que se usan en los Sacramentos del Bautismo, Confirmación, Orden Sacerdotal y Unción de los Enfermos.

En la Misa vespertina, antes del ofertorio, el sacerdote celebrante toma una toalla y una bandeja con agua y lava los pies de doce varones, recordando el mismo gesto de Jesús con sus apóstoles en la Última Cena.

a)Lecturas bíblicas:

Libro del Éxodo 12, 1-8. 11-14; Primera carta del apóstol San Pablo a los corintios 11, 23-26; Evangelio según San Juan 13, 1-15.

b)La Eucaristía

Este es el día en que se instituyó la Eucaristía, el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo bajo las especies de pan y vino. Cristo tuvo la Última Cena con sus apóstoles y por el gran amor que nos tiene, se quedó con nosotros en la Eucaristía, para guiarnos en el camino de la salvación.
Todos estamos invitados a celebrar la cena instituida por Jesús. Esta noche santa, Cristo nos deja su Cuerpo y su Sangre. Revivamos este gran don y comprometámonos a servir a nuestros hermanos.

c)El lavatorio de los pies

Jesús en este pasaje del Evangelio nos enseña a servir con humildad y de corazón a los demás. Este es el mejor camino para seguir a Jesús y para demostrarle nuestra fe en Él. Recordar que esta no es la única vez que Jesús nos habla acerca del servicio. Debemos procurar esta virtud para nuestra vida de todos los días. Vivir como servidores unos de otros.

d)La noche en el huerto de los Olivos

   

 
Lectura del Evangelio según San Marcos14, 32-42.:
Reflexionemos con Jesús en lo que sentía en estos momentos: su miedo, la angustia ante la muerte, la tristeza por ser traicionado, su soledad, su compromiso por cumplir la voluntad de Dios, su obediencia a Dios Padre y su confianza en Él. Las virtudes que nos enseña Jesús este día, entre otras, son la obediencia, la generosidad y la humildad.


Los monumentos y la visita de las siete iglesias

Se acostumbra, después de la Misa vespertina, hacer un monumento para resaltar la Eucaristía y exponerla de una manera solemne para la adoración de los fieles.
La Iglesia pide dedicar un momento de adoración y de agradecimiento a Jesús, un acompañar a Jesús en la oración del huerto. Es por esta razón que las Iglesias preparan sus monumentos. Este es un día solemne.

   
 La cena de pascua en tiempos de Jesús

    Hace miles de años, los judíos vivían en la tierra de Canaán, pero sobrevino una gran carestía y tuvieron que mudarse a vivir a Egipto, donde el faraón les regaló unas tierras fértiles donde pudieran vivir, gracias a la influencia de un judío llamado José, conocido como El soñador.

   
Después de muchos años, los israelitas se multiplicaron muchísimo en Egipto y el faraón tuvo miedo de que se rebelaran contra su reino. Ordenó matar a todos los niños varones israelitas, ahogándolos en el río Nilo. Moisés logró sobrevivir a esa matanza, pues su madre lo puso en una canasta en el río y fue recogido por la hija del faraón.
El faraón convirtió en esclavos a los israelitas, encomendándoles los trabajos más pesados.

Dios eligió a Moisés para que liberara a su pueblo de la esclavitud. Como el faraón no accedía a liberarlos, Dios mandó caer diez plagas sobre Egipto.

La última de esas plagas fue la muerte de todos los primogénitos del reino.
Para que la plaga no cayera sobre los israelitas, Dios ordenó a Moisés que cada uno de ellos marcara la puerta de su casa con la sangre de un cordero y le dio instrucciones específicas para ello: En la cena, cada familia debía comerse entero a un cordero asado sin romperle los huesos. No debían dejar nada porque al día siguiente ya no estarían ahí. Para acompañar al cordero debían comerlo con pan ázimo y hierbas amargas. La hierbas amargas ayudarían a que tuvieran menos sed, ya que tendrían que caminar mucho en el desierto. El pan al no tener levadura no se haría duro y lo podían llevar para comer en el camino. Les mandó comer de pie y vestidos de viaje, con todas sus cosas listas, ya que tenían que estar preparados para salir cuando les avisaran.

Al día siguiente, el primogénito del faraón y de cada uno de los egipcios amaneció muerto. Esto hizo que el faraón accediera a dejar a los israelitas en libertad y éstos salieron a toda prisa de Egipto. El faraón pronto se arrepintió de haberlos dejado ir y envió a todo su ejército para traerlos de nuevo. Dios ayudó a su pueblo abriendo las aguas del mar Rojo para que pasaran y las cerró en el momento en que el ejército del faraón intentó pasar.

Desde ese día los judíos empezaron a celebrar la pascua en la primera luna llena de primavera, que fue cuando Dios los ayudó a liberarse de la esclavitud en Egipto.
Pascua quiere decir “paso”, es decir, el paso de la esclavitud a la libertad. El paso de Dios por sus vidas.

Los judíos celebran la pascua con una cena muy parecida a la que tuvieron sus antepasados en la última noche que pasaron en Egipto.

Las fiesta de la pascua se llamaba “Pesaj” y se celebraba en recuerdo de la liberación del pueblo judío de la esclavitud de Egipto. Esto lo hacían al llegar la primavera, del 15 al 21 del mes hebreo de Nisán, en la luna llena.

Los elementos que se utilizaban en la cena eran los siguientes:

  El Cordero: Al salir de Egipto, los judíos sacrificaron un cordero y con su sangre marcaron los dinteles de sus puertas.
  Karpas: Es una hierba que se baña en agua salada y que recuerda las miserias de los judíos en Egipto.
  Naror: Es una hierba amarga que simboliza los sufrimientos de los hebreos durante la esclavitud en Egipto. Comían naror para recordar que los egipcios amargaron la vida sus antepasados convirtiéndolos en esclavos.
  Jarose: Es una mezcla de manzana, nuez, miel, vino y canela que simboliza la mezcla de arcilla que usaron los hebreos en Egipto para las construcciones del faraón.
  Matzá: Es un pan sin levadura que simboliza el pan que sacaron los hebreos de Egipto que no alcanzó a fermentar por falta de tiempo.
  Agua salada: Simboliza el camino por el Mar Rojo.
  Cuatro copas de vino: Simbolizan cuatro expresiones Bíblicas de la liberación de Israel.
  Siete velas: Alumbran dan luz. Esta simbolizan la venida del Mesías, luz del mundo.

La cena constaba de ocho partes:

1. Encendido de las luces de la fiesta: El que presidía la celebración encendía las velas, todos permanecían de pie y hacían una oración.

2. La bendición de la fiesta (Kiddush): Se sentaban todos a la mesa. Delante del que presidía la cena, había una gran copa o vasija de vino.
Frente a los demás miembros de la familia había un plato pequeño de agua salada y un plato con matzás, rábano o alguna otra hierba amarga, jaroses y alguna hierba verde.

Se servía la primera copa de vino, la copa de acción de gracias, y les daban a todos los miembros de la familia. Todos bebían la primera copa de vino. Después el sirviente presentaba una vasija, jarra y servilleta al que presidía la celebración, para que se lavara sus manos mientras decía la oración. Se comían la hierba verde, el sirviente llevaba un plato con tres matzás grandes, cada una envuelta en una servilleta. El que presidía la ceremonia desenvolvía la pieza superior y la levantaba en el plato.

3. La historia de la salida de Egipto (Hagadah) Se servían la segunda copa de vino, la copa de Hagadah. Alguien de la familia leía la salida de Egipto del libro del Éxodo, capítulo 12. El sirviente traía el cordero pascual que debía ser macho y sin mancha y se asaba en un asador en forma de cruz y no se le podía romper ningún hueso. Se colocaba delante del que presidía la celebración les preguntaba por el significado de la fiesta de Pesaj. Ellos respondían que era el cordero pascual que nuestros padres sacrificaron al Señor en memoria de la noche en que Yahvé pasó de largo por las casas de nuestros padres en Egipto. Luego tomaba la pieza superior del pan ázimo y lo sostenía en alto. Luego levantaba la hierba amarga.

4.Oración de acción de gracias por la salida de Egipto: El que presidía la ceremonia levantaba su copa y hacía una oración de gracias. Colocaba la copa de vino en su lugar. Todos se ponían de pie y recitaban el salmo 113.

5. La solemne bendición de la comida: Todos se sentaban y se bendecía el pan ázimo y las hierbas amargas. Tomaba primero el pan y lo bendecía. Después rompía la matzá superior en pequeñas porciones y distribuía un trozo a cada uno de los presentes. Ellos lo sostenían en sus manos y decían una oración. Cada persona ponía una porción de hierba amarga y algo de jaroses entre dos trozos de matzá y decían juntos una pequeña oración.

6. La cena pascual: Se llevaba a cabo la cena.

7. Bebida de la tercera copa de vino: la copa de la bendición.- Cuando se terminaban la cena, el que presidía tomaba la mitad grande de la matzá en medio del plato, la partía y la distribuía a todos los ahí reunidos. Todos sostenían la porción de matzá en sus manos mientras el que presidía decía una oración y luego se lo comían. Se les servía la tercera copa de vino, “la copa de la bendición”. Todos se ponían de pie y tomaban la copa de la bendición.

8. Bendición final: Se llenaban las copas por cuarta vez. Esta cuarta copa era la “Copa de Melquisedec”. Todos levantaban sus copas y decían una oración de alabanza a Dios. Se las tomaban y el que presidía la ceremonia concluía la celebración con la antigua bendición del Libro de los Números (6, 24-26).


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lunes, 14 de abril de 2014

María Magdalena

 

  
Ángel Moreno   
María Magdalena, Museo del Prado - Adriaen Isenbrant (siglo XV-XVII) Nos fijaremos ahora en los testigos que aparecen citados expresamente en los relatos de las apariciones del Resucitado para confirmar nuestra fe en el Señor, vencedor de la muerte.
 
Pocas veces un hecho relacionado con la vida de Jesús es avalado por los cuatro Evangelios de forma explícita. Ni siquiera la Cena Pascual es descrita por todos, ni las palabras que el Señor pronunció en cruz. Sin embargo, los cuatro relatos evangélicos dan cuenta de la presencia de María Magdalena como una de las mujeres que, a partir de su curación, -“María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios” (Lc 8, 2)-, acompañó a Jesús.
 
María Magdalena se nos presenta como la mujer fuerte, atrevida, fiel, sagaz. “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena” (Jn 19, 25). Ella fue la primera en acudir al sepulcro. “María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro.” (Mt 28, 1). La intención era ultimar los trabajos para dar sepultura definitiva al cuerpo de Jesús. “Compraron aromas para ir a embalsamarle” (Mc 16, 1-2).
 
Lo que destacan los Evangelios es que fue la primera testigo de Cristo resucitado. “Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios.”(Mc 16, 9) “Jesús le dice: «María». Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní» - que quiere decir: «Maestro» -. Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre»”(Jn 20, 16-17).
 
Ella fue la evangelizadora de los Apóstoles. Jesús le encomienda: “Vete donde mis hermanos y diles: «Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios». Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras. (Jn 20, 16-18). “Regresando del sepulcro, anunciaron todas estas cosas a los Once y a todos los demás. Las que decían estas cosas a los apóstoles eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago y las demás que estaban con ellas.” (Lc 24, 9-10)
 
«La historia de María de Magdala recuerda a todos una verdad fundamental: discípulo de Cristo es quien, en la experiencia de la debilidad humana, ha tenido la humildad de pedirle ayuda, ha sido curado por él, y le ha seguido de cerca, convirtiéndose en testigo de la potencia de su amor misericordioso, que es más fuerte que el pecado y la muerte». -Benedicto XVI, 23 Julio, 2006.
 
Aunque no parece que el Evangelio se refiera a la misma persona cuando habla de la mujer que ungió los pies al Señor en casa de Simón el fariseo y cuando lo hace de María Magdalena, a ésta se le pueden aplicar muy bien las palabras de Jesús: “A quien mucho se le perdona, mucho ama”. ¿Y tú tienes conciencia de perdonado?
 

domingo, 13 de abril de 2014

Domingo de Ramos


Autor: Tere Fernández | Fuente: Catholic.net
 
Domingo de Ramos
Recibieron a Cristo mientras entraba a la ciudad con palmas y ramos en muestra de que era el Mesias
 
   

Cuando llegaba a Jerusalén para celebrar la pascua, Jesús les pidió a sus discípulos traer un burrito y lo montó. Antes de entrar en Jerusalén, la gente tendía sus mantos por el camino y otros cortaban ramas de árboles alfombrando el paso, tal como acostumbraban saludar a los reyes.

Los que iban delante y detrás de Jesús gritaban:
"¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!"

Entró a la ciudad de Jerusalén, que era la ciudad más importante y la capital de su nación, y mucha gente, niños y adultos, lo acompañaron y recibieron como a un rey con palmas y ramos gritándole “hosanna” que significa “Viva”. La gente de la ciudad preguntaba ¿quién es éste? y les respondían: “Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea”. Esta fue su entrada triunfal.

La muchedumbre que lo seguía estaba formada por hombres, mujeres y niños, cada uno con su nombre, su ocupación, sus cosas buenas y malas, y con el mismo interés de seguir a Jesús. Algunas de estas personas habían estado presentes en los milagros de Jesús y habían escuchado sus parábolas. Esto los llevó a alabarlo con palmas en las manos cuando entró en Jerusalén.

Fueron muchos los que siguieron a Cristo en este momento de triunfo, pero fueron pocos los que lo acompañaron en su pasión y muerte.

Mientras esto sucedía, los sacerdotes judíos buscaban pretextos para meterlo en la cárcel, pues les dio miedo al ver cómo la gente lo amaba cada vez más y como lo habían aclamado al entrar a Jerusalén.

¿Qué significado tiene esto en nuestras vidas?

Es una oportunidad para proclamar a Jesús como el rey y centro de nuestras vidas. Debemos parecernos a esa gente de Jerusalén que se entusiasmó por seguir a Cristo. Decir “que viva mi Cristo, que viva mi rey...” Es un día en el que le podemos decir a Cristo que nosotros también queremos seguirlo, aunque tengamos que sufrir o morir por Él. Que queremos que sea el rey de nuestra vida, de nuestra familia, de nuestra patria y del mundo entero. Queremos que sea nuestro amigo en todos los momentos de nuestra vida.

Explicación de la Misa del Domingo de Ramos

La Misa se inicia con la procesión de las palmas. Nosotros recibimos las palmas y decimos o cantamos “Bendito el que viene en el nombre del Señor”. El sacerdote bendice las palmas y dirige la procesión. Luego se comienza la Misa. Se lee el Evangelio de la Pasión de Cristo.

Al terminar la Misa, nos llevamos las palmas benditas a nuestro hogar. Se acostumbra colocarlas detrás de las puertas en forma de cruz. Esto nos debe recordar que Jesús es nuestro rey y que debemos siempre darle la bienvenida en nuestro hogar. Es importante no hacer de esta costumbre una superstición pensando que por tener nuestra palma, no van a entrar ladrones a nuestros hogares y que nos vamos a librar de la mala suerte.

Oración para poner las palmas benditas en el hogar:

Bendice Señor nuestro hogar.
Que tu Hijo Jesús y la Virgen María reinen en él.
Por tu intercesión danos paz, amor y respeto,
para que respetándonos y amándonos
los sepamos honrar en nuestra vida familiar,
Sé tú, el Rey en nuestro hogar.
Amén.

Sugerencias para vivir la fiesta:

 
  Hacer nuestras propias palmas y llevarlas a bendecir a la Iglesia.