lunes, 11 de julio de 2011

Libros sapienciales


Se llama Libros sapienciales o poéticos (en hebreo, junto con otros libros, כתובים, Ketuvim, "Escritos") a un grupo de libros bíblicos del Antiguo Testamento, atribuidos tradicionalmente a grandes autores de la historia literaria de Israel. Los Libros Sapienciales de la Biblia se ubican entre los Libros Históricos y los Profetas y son: Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Sabiduría y Eclesiástico
Aparecen los Libros Sapienciales como un género novedoso luego de los grandes Libros Históricos. Se trata de una nueva forma de elaborar las enseñanzas con una estética muy desarrollada y un estilo particular; es por ello que la mejor manera de definirlos sería diciendo que se trata de poemas didácticos o de enseñanzas poéticas.
La literatura sapiencial aparece en Israel después de la desaparición de los Profetas, esto es, tras el exilio en Babilonia. Es correcto, por tanto, definir al género sapiencial como una clase de literatura típicamente postexílica.
Son el fruto de nuevas necesidades que los cambios políticos y las circunstancias religiosas crearon en los escritores judíos y puede dividírselos, según sus contenidos, en libros didácticos o poéticos
La literatura sapiencial nació bajo la forma de refranes o proverbios de raíz popular que contenían una alta estilización estética y una clara enseñanza teológica; el proverbio se convirtió muy pronto en una sentencia altamente elaborada, cuidadosamente estructurada basada en metáforas y comparaciones. Por lo tanto, se trata de textos donde los géneros literarios populares, los escritos técnicos de la doctrina y el hermoso interés poético se encuentran inextricablemente entrelazados.
Cuando Salomón llevó el género a su país, fundó de inmediato escuelas de escribas capaces de utilizarlo y perfeccionarlo. Los escribas posteriores al exilio lograron el objetivo propuesto por el antiguo rey, y sus escritos se complementan perfectamente con los Libros Proféticos en lugar de antagonizarlos.
A partir de 722 a. C., los escribas comenzaron a trabajar en el importante proyecto de transcribir y preservar los antiguos textos hebreos. Esta tarea continuó durante toda la historia judía. Sin embargo, se considera habitualmente que el origen de los Libros Sapienciales descansa en la tradición oral de las ciudades semitas.
Para Israel, el apogeo de la literatura sapiencial comienza con el período persa, a partir de la libertad que les otorga a los cautivos de Babilonia el rey Ciro (538 a. C.). Esta difusión de los autores y libros sapienciales continúa hasta el período alejandrino, al que pertenece el libro de la Sabiduría

Recursos literarios

Los autores de los Libros Sapienciales utilizan distintos y muy bien identificados recursos literarios para alcanzar sus objetivos poéticos y didácticos. Los que mejor se pueden individuar son:
  • La sentencia: consiste en un proverbio que lleva consigo una observación o exhortación, por ejemplo en Prov 22, 19 y 22,26.
  • El enigma: de una manera interesante e intrigante, se enseña una verdad moral (cf. Dn 5, 12).
  • La parábola: como en 2Sm 12, 1-4.
  • La alegoría: serie de metáforas en la que cada una muestra una situación distinta (cf. Eclo 11, 9-12). Así, hay unas excelentes alegorías que personifican a la Sabiduría en Prov. 8, en Eclo 24 y en Sb 6-10

El Pentateuco

El Pentateuco, o, según lo llaman los judíos, el Libro de la Ley (Torah), encabeza los 73 libros de la Biblia, y constituye la magnífica puerta de la Revelación divina. Los nombres de los cinco libros del Pentateuco son: el Génesis, el Exodo, el Levítico, los Números, el Deuteronomio, y su fin general es: exponer cómo Dios escogió para sí al pueblo de Israel y lo formó para la venida de Jesucristo; de modo que en realidad es Jesucristo quien aparece a través de los misteriosos destinos del pueblo escogido.
El autor del Pentateuco es Moisés, profeta y organizador del pueblo de Israel, que vivió en el siglo XV o XIII antes de Jesucristo. No solamente la tradición judía sino también la cristiana ha sostenido siempre el origen mosaico del Pentateuco. El mismo Jesús habla del "Libro de Moisés" (Mc., 12, 26), de la "Ley de Moisés" (Lc., 24, 44), atribuye a Moisés los preceptos del Pentateuco (cf. Mt., 8, 4; Mc., 1, 44; 7, 10; 10, 5; Lc. 5, 14; 20, 28; Juan 7, 19), y dice en Juan 5, 45: "Vuestro acusador es Moisés, en quien habéis puesto vuestra esperanza. Si creyeseis a Moisés, me creeríais también a Mí, pues de mí escribió él".
Génesis significa "generación" u origen. El nombre nos indica que este primer libro de la Revelación contiene los misterios de la prehistoria y los comienzos del Reino de Dios sobre la tierra. Describe, en particular, la creación del universo y del hombre, la caída de los primeros padres, la corrupción general, la historia de Noé y el diluvio. Luego el autor sagrado narra la confusión de las lenguas en la torre de Babel, la separación de Abraham de su pueblo y la historia de este patriarca y de sus descendientes: Isaac, Jacob, José, para terminar con la bendición de Jacob, su muerte y la de su hijo José. En esta sucesión de acontecimientos históricos van intercaladas las grandes promesas mesiánicas con que Dios despertaba la esperanza de los patriarcas, depositarios de la Revelación primitiva.
Exodo, es decir, "salida", se llama el segundo libro, porque en él se narra la historia de la liberación del pueblo israelita y su salida de Egipto. Entre el Génesis y el Exodo median varios siglos, es decir, el tiempo durante el cual los hijos de Jacob estuvieron en el país de los Faraones. El autor sagrado describe en este libro la opresión de los israelitas; luego pasa a narrar la historia del nacimiento de Moisés, su salvamento de las aguas del Nilo, su huida al desierto y la aparición de Dios en la zarza. Refiere después, en la segunda parte, la liberación misma, las entrevistas de Moisés con el Faraón, el castigo de las diez plagas, el paso del Mar Rojo, la promulgación de la Ley de Dios en el Sinaí, la construcción del Tabernáculo, la institución del sacerdocio de la Ley Antigua y otros preceptos relacionados con el culto y el sacerdocio.
Levítico es el nombre del tercer libro del Pentateuco. Derívase la palabra Levítico de Leví, padre de la tribu sacerdotal. Trata primeramente de los sacrificios, luego relata las disposiciones acerca del Sumo Sacerdote y los sacerdotes, el culto y los objetos sagrados. Con el capítulo 11 empiezan los preceptos relativos a las purificaciones, a los cuales se agregan instrucciones sobre el día de la Expiación, otras acerca de los sacrificios, algunas prohibiciones, los impedimentos matrimoniales, los castigos de ciertos pecados y las disposiciones sobre las fiestas. En el último capítulo habla el autor sagrado de los votos y diezmos.
Números es el nombre del cuarto libro, porque en su primer capítulo refiere el censo llevado a cabo después de concluida la legislación sinaítica y antes de la salida del monte de Dios. A continuación se proclaman algunas leyes, especialmente acerca de los nazareos, y disposiciones sobre la formación del campamento y el orden de las marchas. Casi todos los acontecimientos referidos en los Números sucedieron en el último año del viaje, mientras se pasan por alto casi todos los sucesos de los treinta y ocho años precedentes. Descuellan algunos por su carácter extraordinario; por ejemplo, los vaticinios de Balaam. Al final se añade el catálogo de las estaciones durante la marcha a través del desierto, y se dan a conocer varios preceptos sobre la ocupación de la tierra de promisión.
El Deuteronomio es, como expresa su nombre, "la segunda Ley", una recapitulación, explicación y ampliación de la Ley de Moisés. El gran profeta, antes de reunirse con sus padres, desarrolla en la campiña de Moab en varios discursos la historia del pueblo escogido inculcándose los divinos mandamientos. En el primero (1-4, 43), echa una mirada retrospectiva sobre los acontecimientos en el desierto, agregando algunas exhortaciones prácticas y las más magníficas enseñanzas. En el segundo discurso (4, 44-11, 32) y en la parte legislativa (caps. 12-26), el legislador del pueblo de Dios repasa las leyes anteriores, haciendo las exhortaciones necesarias para su cumplimiento, y añadiendo numerosos preceptos complementarios. Los dos últimos discursos (cap. 27-30) tienen por objeto renovar la Alianza con Dios, lo que, según las disposiciones de Moisés, ha de realizarse luego de entrar el pueblo en el país de Canaán. Los capítulos 31-34 contienen el nombramiento de Josué como sucesor de Moisés, el cántico profético de éste, su bendición, y una breve noticia sobre su muerte. El Deuteronomio es, según dice S. Jerónimo, "la prefiguración de la Ley evangélica" (Carta a Paulino). 

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